{"id":1281,"date":"2018-02-06T01:50:58","date_gmt":"2018-02-06T01:50:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.kabisuwa.com\/?p=1281"},"modified":"2018-02-06T03:57:43","modified_gmt":"2018-02-06T03:57:43","slug":"el-herrumbre-o-tu-humedad-sobre-mi-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.kabisuwa.com\/index.php\/2018\/02\/06\/el-herrumbre-o-tu-humedad-sobre-mi-cuerpo\/","title":{"rendered":"El herrumbre (o tu humedad sobre mi cuerpo)"},"content":{"rendered":"<p>Reci\u00e9n comenzaba una nueva semana. Hab\u00eda sido un dificil enero, que cerraba mejor que un dificil diciembre.\u00a0Al levantarme de la cama e intentar entrar en mi pantal\u00f3n\u00a0 not\u00e9 una peque\u00f1a moneda de 500 colones. Herrumbrada, torcida y algo maltratada pero con un claro valor. Me dej\u00f3 pensando por alg\u00fan momento.\u00a0 Record\u00e9 entonces aquel verano del &#8217;77 donde era tan solo un menudo chaval corriendo por el campo de aterrizaje en Buenos Aires de Perez Zeled\u00f3n.<\/p>\n<p>Cre\u00ed por primera vez haber encontrado la respuesta a la angustia de mi padre, y por ende de aquel cachorro que cuidaba de \u00e9l desde que mi madre lo hab\u00eda abandonado. No lo culpo; la muerte de ella no era esperada. No le qued\u00f3 m\u00e1s que lidiar con un amigo involuntario: soledad. Con el tiempo entend\u00ed que aquella mascota era m\u00e1s que un mero animal para mi padre. Era el enlace entre la cordura y la tortura.\u00a0 Me tom\u00f3 treinta y siete a\u00f1os entenderlo.<\/p>\n<p>La brisa por la ventana semi abierta regresaba el aroma del herrumbre a mi realidad la noche que sigui\u00f3. Mi padre se hab\u00eda ido, las mascotas con \u00e9l. El herrumbre era, hasta cierto punto, como la sal de aquel cuerpo prohibido, cuya esbelta figura espiritual derret\u00eda con mayor potestad que la necesidad de la tangibilidad. &#8220;<em>Amor<\/em>&#8220;, suspiraba al o\u00eddo la chica del viento, y el castillo de arena se destru\u00eda. Ca\u00eda el sudor al frente del templo de su tierra fertil, y las palabras que se perd\u00edan en la religiosidad de la noche; el sexo, no era sexo, y los gritos ya no eran una maldici\u00f3n.<\/p>\n<p>Como el herrumbre en las v\u00edas del tren al Atl\u00e1ntico, sus mordiscos carcom\u00edan mi piel, f\u00e9rrea delincuente de las noches. Los latidos de esa desaventurada alma al azote de la realidad entregaban su sangre al instante. Y yo, yo no hac\u00eda sino cosechar miradas galopantes a la espalda de ese tren, que llevaba mi paladar a los dulces humedales del San Juan.<\/p>\n<p>La humedad de ese cuerpo, antes olas de tu cadera, convertido en un estero natural colapsaban como placas volc\u00e1nicas ante el fuego ansioso por escapar.\u00a0Esa mujer, perfumada a herrumbre espiritual; robando amor al viento,la humedad de sus labios fueron suficiente; el sexo hab\u00eda dejado de ser sexo, y esos gritos, como ese fuego fueron apaciguados con amor.<\/p>\n<p>&#8220;<em>amor<\/em>&#8221; dijo el joven ante el viento con un beso, y el herrumbre se detuvo, las olas se silenciaron, y ella, simplemente se durmi\u00f3&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reci\u00e9n comenzaba una nueva semana. 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